sábado, abril 16, 2011

Autor bayunquito

Intento comprender a los intelectuales, verdádedios que sí. Intento entender que su versión de "quién tiene la pija más grande" es "quién es capaz de nombrar a todos los filósofos presocráticos sin respirar" (cual si del Pokémon Rap se tratase); "quién recita el Manifesto Comunista más rápido" y "quién habla con fluidez más idiomas" (lenguas muertas dan más puntos), pero hay momentos de la vida en que mi tolerancia se esfuma y me convierto en una bestia enfurecida de la cual surgen chispitas rutilantes producto del enojo y la desazón en cuestión de segundos. Porque una cosa es que se junten en sus cafeses a recitarse sus amplios conocimientos en cuanta lengua no-romance exista y otra es que metan su afán seudo elitista en textos que de otra manera serian muy bonitos y que, al hacerlo, se lleven a imbéciles como yo de encuentro, sumergiéndome (nos) en un mar de ignorancia. Los odio.

Ejemplo: estaba yo feliz y a la vez contenta esperando una entrevista de trabajo. Tenía que conversar con el gerente y para eso faltaban cuarenta y cinco minutos, así que, como no tenía un cinco, decidí esperar dentro de la empresa. Previsoriamente, había llevado un librito: un ensayo pequeñito. Dispúseme, entonces, a leerle.  Muy emocionada yo, aprendía y aprendía. Llegando a la página 22, me encuentro con un pie de página que habría de matarme todo el vacil. Transcribo, cerotada incluída:


8. Escribe acertadamente Giovanni Sartori: "Mentre il nome di intellectuale ci segnala un singolare, una figura caratteristicamente isolata, da soppesare sempre pro capite (il plurale "gli intellectuali" contrasegna un aggrupamento diarticolato di tipo anarchicho), la denominazione "intelligentzia" ci induce a pensare ad una entità neutra, la sottonissione dei signoli ad un legame ed ad un cimento che vale a configurare in via primaria un gruppo omogeneo" ("Intellecttuali e Intelligentzia" en Studi Policiti, año II, núms 1-2, marzo-agosto 1953, pág. 30 en nota).

A ver ¿Qué clase de descerebrado incluye una cita en italiano en un texto en español? El autor, antes de proseguir, es español: un sujeto llamado Pablo Lucas Verdú. Incluso pensé para mí, aturdida y abrumada en una sala de espera de call center: "a la mejor el tipo pensó que el italiano era fácilmente deducible para alguien que hable español y no se tomó la molestia en traducir". Dicha hipótesis me sirvió hasta la página 35, donde el estimado Pablo, cual si de Britney Spears se tratase, lo hizo otra vez:

31. Cfr. Jewgenjew: "Stalins Artikel, Uber den Marxismus in der Sprachwussenschaft und die Aufgaben der sowjestichen Rechwissenschaft". Sowjetische Beiträge zur Staatsund Rechtstheorie. Verlag Kultur und Forstschrift, Berlin, 1953 (146-ss); N.G Alexandrob: "Elnige Fragen der Theorie der Staates und der Recht im Lichte der Stalinschen Lehre von Basis und Uberbau", ibídem (153-ss)

Oseacómo. O don Pablo (el don irresistible) cree que todos somos hombres del Renacimiento y le manejamos lo que vienen siendo las lenguas de la vieja Europa o qué ondas con él. Creo que cuando leí la nota al pie número 31 mi  cara se convirtió en un enorme signo de interrogación, porque una cherita se acercó a preguntarme si estaba bien. Imaginemos por un momento que nunca fui a clases de alemán* ¿De dónde sacaba en ese entonces un traductor, un diccionario o a un alemán que me informase qué decía ahí? ¿Acaso don Pedro, "eminente especialista" según la contraportada del libro, asume que todos somos versados como él? ¿Y así quieren que aprenda? ¿Ven por qué siempre acabo viendo Brandy y el Señor Bigotes?



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* Mi manejo del alemán es bien limitado. Solo sé preguntar dónde queda el baño, adónde se toma el tren, cómo te llamás, hablás alemán y demás cosas pollito-chicken.

2 comentarios:

Isura dijo...

Es bueno leerla.

Un amigo dice:'¡Prefiero nivelar hacia arriba!', que significa, que en caso de surgir dudas y habiendo una 'norma' previa, lo mejor es ceñirse a ella. Para el caso, la norma a esgrimir que justifica ese 'afan elitista' del que se queja, es la tesis (o parte de ella) desarrollada en el libro 'Prolegómenos', del semiótico danés Louis Hjelmslev. En ella, L.H propone, aunque de manera dolorosamente bizantina, que hay términos que pueden traducirse consistentemente, en cambio otros no porque producen confusiones. Los signos (el lenguaje es un sistema de signos y un proceso de realización) no son un mero vehículo de significado (intención), al margen del lenguaje involucrado. Así que, la intención se pierde en algunas traducciones, por tanto a veces es mejor no hacerlas. En fín, en general, nuestro dominio de otras lenguas es deficitario, por ende, es común ver en ésta táctica poliglota a pie de página el avío preeminente del especialista, sin embargo, quizá solo sea el intento honesto de nivelar hacia arriba.

Entre intelectuales, más que ver quién tiene la pija más grande o quién finge mejor el garbo renacentista, pasa que sufren de priapismo, que en la era victoriana se consideró un plus entre los miembros de la corte. Así que los intelectuales son como priápicos caballeros victorianos. Pero por chic que se viera en la corte, nunca dejó de ser una enfermedad.

Y déjese de pajas Virginia, que si usted tuviera que citar, e.g., el libro 'Genders and the politics of History (un libro que también me agrada), lo haría en inglés; y creo que sabe bien porqué.

Krlovsky dijo...

Después de mucho tiempo volví a encontrar tu blog. Me he reído mucho con este post. En esos casos, creo que lo usual es que se incluya la cita en el idioma original y luego traducir aquello que se quiere resaltar.