viernes, abril 29, 2011

A estar triste se aprende. Al principio, por ejemplo, la tristeza es un pesar tímido y quedito que se arrasta dentro de uno cual babosa. Se le siente pasar: tristeza en el yeyuno, tristeza en la amígdala. Pasa y carcome. Por ahí se empieza y uno ni en cuenta, porque se suele pensar que el humor crepuscular es causa del clima y no de un pesar quedito que habrá de arrasarlo todo cuando se convierta en ola, en una inmensa ola que uno escucha crujir a lo lejos, pero anhela que si se le ignora, desviará su rumbo. Uno se pasa de pendejo, a veces.

El crujido se acerca y trae consigo brisa que huele a solución salina. Uno inhala y exhala e inhala de nuevo. Respira. Se calma. Luego, algo adentro tiembla. Tiembla todo y un mar entero se vuelva sobre uno; una ola de tristeza mezclada con orgullo desgarrado se abre paso con fuerza dentro de uno, hasta que la ola se rompe contra el muro de los recuerdos y lo destroza todo. Es entonces cuando uno siente que carga en el pecho con el ripio de la inundación; se escucha el rumor de los restos (de muro y de ola) chocando entre sí dentro del pecho mientras se camina. Si uno tiene suerte, la marejada será tan fuerte que se le fuerza a expulsar agua salada por vías alternas. Las más de las veces, cuando esto ocurre, es oportuno declararse y saberse una hecatombe.

Pero uno no puede ser un desastre siempre. En algún momento entre la petición de víveres y la reconstrucción, tocará caminar por la playa deshecha y contemplar su destrucción. Se camina y se contempla, intentando recordar la forma original de aquello que ahora solo es vidrios de colores tendidos sobre la arena. Si se tiene un poco de claridad, se aprende a recoger los huishtes y las conchas para sentarse en una piedra -con el mismo pesar tímido y quedito de antes- y bordarse un vestido a base de puro resto. Entonces uno se levanta, se talla el vestido y esboza una mueca que pretende ser sonrisa. Puede vagar, entonces, con el vestido puesto. Se ha aprendido a llevar la tristeza con altivez.

1 comentario:

KR dijo...

Y justo hoy, hoy que ha sido un día mierdero como más mierdero pudo ser... vos y otras dos personas me ha traído el tema de la tristeza a la cabeza, ¿será a caso que lo mío no es en realidad lo del enojo colérico, sino la rotunda tristeza? No sé... ajaber...

Pero lo que sí sé es que a las 3 a.m. existe toda una variedad de formas de estar triste.