martes, junio 28, 2011

Mordidas de trenza levemente importunas

Esto del fin de ciclo es un asco y se me había olvidado. Hay quinimil cosas por hacer, cero ganas de hacerlas, solo cuatro días para hacerlas (tres, ya es martes), lluvia por todos lados y ganas de escribir de todo menos las mil quinientas palabras del ensayo de economía, las cuarenta y seis respuestas del cuestionario, la disertación sobre el déficit de vivienda, el marco referencial del anteproyecto y la respuesta horrorosa esa sobre cómo Kant ve la esencia del ser humano (puto Kant, como si no me esperasen dos años para darme verga con él).

Una de las cosas para las cuales necesito tiempo es para escribir un correo de agradecimiento que ni siquiera sé si voy a tener el coraje de enviar. Verán, a mí me cuesta muchísimo trabajo respetar a la gente. Mucha equidad, mucho civismo, pero a la hora de los vergazos sí me cuesta respetar a la gente y me cuesta mucho. Deducirán, entonces, que encontrar a alguien a quien yo pueda llamar maestro es algo que me cuesta mucho más. Pero este ciclo lo encontré y considero menester agradecerle la cantidad de cosas que él me aclaró, aun sin tener una idea de lo que estaba haciendo.

Inscribí su materia (optativa) porque el nombre de la misma me llamó la atención. De hecho organicé mi horario del ciclo alrededor de esta materia, me importó un pepino que llevarla significaría salir de la u a las 8:30PM. No sé cómo contarles cuánto me retumbó la vida escucharlo hablar indirectamente de las cosas que me venían jodiendo desde hace años y cómo -sin él estar consciente- me dio las herramientas para resolverlas. No sé cómo contarlo a manera que se comprenda cuánto significó para mí ni el bien que me hizo. Creo que me limitaré a decir que quien soy ahora dista mucho de la persona que era cuando inició el ciclo.

Quizá no sepa cómo hablar de estas cosas porque la única imagen con la que puedo relacionar lo que me pasó con su clase este ciclo es una cosa abusiva. Salvando las obvias distancias y el vello facial, solo puedo pensar en la descripción que hacía Aristóteles sobre el Tales que viajaba dentro de sí. Fue justamente eso. Y explicarle a un ente ajeno que él tomó tu mano y te hizo viajar dentro de vos al punto de hacerte depurar tu mente, tu carga y tu vida entera mientras contaba que la mejor manera que él tenía para explicar la admiración fue la sensación que le despertó ver flotar las burbujas de Coca Cola la primera vez que entró a ver cine en 3D o te hablaba del Übermensch ejemplificado con la intro de la primera temporada de Pokémon es algo que no sé cómo hacer. Sin embargo, siento que es un deber hacerlo. Al menos después de lo que dijo al entregar el primer parcial.

Cinco o seis personas de entre un grupo de ochenta pasaron el primer parcial. Él gritó colérico, dijo que estaba demasiado cansado de intentar hablarle de filosofía a niñatos a quienes poco o nada les importaba, que estaba harto y que ya no tenía paciencia. Que nunca iba a volver impartir esa clase. Que si pudiera mandarnos al carajo, lo haría y se quedaría nada más con los cinco o seis que pasaron el parcial. Puedo contarme entre esos cinco o seis, siento que debo decirle que no solo aprendí, sino que en la suya ha sido la primera vez en mi vida que he llorado en clase, que sí entendí lo que explicó, que sí me interesa su clase, pero que sobre todas las cosas le agradezco que me haya devuelto a mi yo. Que nunca voy a saber cómo decirle cómo pasé viendo dentro de mí esa semana que decidió explicar los duelos y el desapego y el dolor, de cómo una vez incluso el motorista de la coaster en la que viajaba de vuelta a casa me preguntó si estaba bien. Tampoco sé si sea oportuno decirle que lo que quedó de esa semana de hablar de problemáticas antropológicas y de rabias y del Ragnarök fue la certeza que por primera vez en mucho tiempo mi vida camina como se debe. Se me hace que en verdad no voy a poder decírselo.

En caso que no pueda decirlo por otros medios, profesor Valdés: gracias por ayudarme a ser yo de nuevo. Y gracias por recordarme el inmenso valor de saber reír y saber hacerse preguntas.

5 comentarios:

KR dijo...

Si se trata de Roberto... trato de entender tus metáforas...

Ciertamente me pasa lo mismo que a vos, soy una irreverente, pero he tenido un trío de maestros que aparecieron (cada quien es su mejor época) y afinaron a la loca que soy ahora.

Me gusta mucho como lo decis, yo que vos, dejaba la carta a un lado y solo le mandaba el link a este post. Lo dice todo. Mi antigua alma pedagógica te lo avala.

:)

Anónimo dijo...

Bicha malcogida

Ligia dijo...

:)

Lo que dijo KR, chera: mandale el link, o reformulá tu entrada en un correo.
"Say 'thank you', Gilbert".

Aniuxa dijo...

Toi de acuerdo con las masas, el post sería una bonita manera.

Nadie dijo...

Uno mi voz al clamor popular de mandar la entrada.
También tuve una experiencia así en la UCA, con profesor de Dramática que me sacaba las lágrimas hablando de Edipo Rey y la Siguanaba.