domingo, octubre 23, 2011

All this you can leave behind- Prólogo

El encanto de estar casi a la mitad de los veinte es que todas las verdades que consideraste axiomáticas en los últimos diez años dejan de serlo. Las ideologías y las religiones ya probaron ser falibles, así como los padres. El amor ya no es eterno y uno se sabe mortal. Se nos empuja, entonces, a reconstruir nuestros propios manifestos internos, a buscar nuevas formas de vivir con lo que alguna vez defendimos con los dientes, si es que eso es aún posible. Es una hermosa era para deshacerse de lo que la ceguera de la infancia y la pasión malpuesta de la adolescencia nos hizo amar y que ya no sirve. Es hermosamente cruel.

Uno no debería confiarse nunca de la eternidad de aquello que amó a los catorce, quince años. A esa edad se suele ser muy radical hasta con el querer: con el quién y el cómo, mas nunca con el por qué, cuánto o hasta cuándo. La vida no le ha roto los dientes a uno y no concibe, ni puede empezar a concebir que cosas tan intensas tengan  naturaleza tan volátil. Todo es muy prístino y las cosas prístinas están destinadas a morir.

Supongo que personas más cautas que yo sabrán manejar la muerte de la infalibilidad de lo amado de mejor manera. Gente más madura sabrá reconocer la naturaleza cambiante de las cosas sin verse apremiadas por esta imperante necesidad mía de dejarlas morir cuando ya no me significan lo de antes, pero yo no puedo. Hay humedad y frío hasta en la música, diría Dalton. Y cuando la música muere dentro de alguien, la misma música que significó tanto, lo menos que puede hacerse es darle el sepelio que se merece después de tantos años de privado acompañamiento.

Quien me lee desde hace más de dos años, sabe que mi penoso y pueril seudónimo de internet era U2fan87, groupie y adolescente como él solo. Representaba, aparte de la evidente ingenuidad, ¿lealtad? a quienes   más que acompañarme, en verdad cambiaron mi vida. Les conocí y por medio de ellos me conocí yo. No hay otra manera de decirlo. Y se los agradeceré por siempre. Influyeron ellos en mi ideología, mi relación con dios, mi relación con otra gente y con mi rol ante el mundo, cosas que no puedo tomar a la ligera. Pero ellos han cambiado y yo también. Su música ha cambiado, yo he cambiado, el mundo sigue girando y el New Age nos ha enseñado que debemos cerrar ciclos y es eso lo que me dispongo a hacer. 

Yo conocí a U2 cuando su muerte era inminente, en 2001, con All That You Can't Leave Behind. Tuve la desgracia de conocerles y adueñarme de ellos cuando hacerlo ya no era respetable y no es algo que me haya importado nunca, como tampoco me importa ahora, porque hasta entonces se respetaban. Pero se perdieron el respeto, Bono se convirtió en aquello de lo que se mofaba en el video de Hold Me, Thrill Me, Kiss Me, Kill Me; en 2009 vino No Line On The Horizon y con él, el ridículo, el descrédito y el lento desapego, a pesar que nadie esté ni por cerca de acercarse a ellos en mi lista de escuchas de Last.fm. En honor a la historia de ellos en mi vida, es justo darles la lenta y pausada despedida, parando en cada disco, cual procesión. De todas maneras, hay que saber ser agradecido.

1 comentario:

Distintas Latitudes dijo...

Ash, qué buenos textos los tuyos. Todos. Me encanta.