lunes, octubre 24, 2011

Boy, stupid boy*

En 1980 existía el punk que creó el post-punk y el  new wave. La tierra estaba sin orden y vacía;  las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el espíritu de Sid Vicious se movía sobre la superficie de las aguas. Al punk, por atroz que me parezca (no, no me gusta el punk, muchasgraciasdenada), le debemos la existencia de las bandas de garage, de niñatos reunidos para hacer el tierno e insufrible intento de hacer música. No fue un garage, sino en una cocina, que lo que hoy conocemos como U2 empezó a hacer pininos en 1976. El disco que habría de ser el primogénito y llamarse Boy empezó a gestarse poco después, en 1978, con un EP llamado U2-3. Boy, sin embargo, no saldría sino hasta 1980.


Como a la gente le encanta poner etiquetas, Boy fue considerado post-punk a pesar de no ser tan ruidoso ni decadente como su género normaba. Tampoco nos engañemos, no es un gran disco. Como después se sabría que es una constante, de los once ítems de Boy, seis son buenos. El resto: aullidos en pueril alemán e irlandés y riffs que a la mejor intentaban reforzar la identidad nacional de una banda que habría de mercadearse en Inglaterra**. Si bien hablar de las bondades de seis de un total de once es, para un primer disco, ganancia, la bondad de Boy no se basa solo en la calidad, sino en –plop– la temática atípica hasta el momento.


Boy es un disco sombrío sin serlo. Con dos integrantes huérfanos de madre desde muy temprana edad (la madre del baterista fue atropellada; la madre de Bono murió de una embolia), un país económicamente jo-di-do y con un conflicto religioso en el país y en la banda misma, uno podría esperarse punk rabioso, como era la norma. Y U2 no lo hizo. Logró hablar de suicidio, de desesperanza, de    la búsqueda de la hombría sin caer en riffs coléricos ni voces desgarradas. Para 1980, para el post-punk, esto era un mérito. Para los futuros fans, un inicio aclamable. Para mí, unos cuantos versos que servirían para caminar.


Por cliché que suene, lo primero que hice el día que cumplí 18 años fue levantarme a escuchar Out of Control: Monday morning/ Eighteen years of dawning/ I say "How long?"/ Say "how long?" . Cliché escucharla entonces, no tan cliché cuando una espera tres minutos, mientras bailotea – porque Out of Control puede parecer una canción feliz, de todas maneras, fue escrita en un cumpleaños– y a sus tiernos dieciocho años se topa con esto:


 I fought fate
There's blood at the garden gate
The man said "childhood, it's in his childhood".
One day I'll die
The choice will not be mine
Will it be too late?
You can't fight fate


Por supuesto que entonces no sabía – y quizá Bono tampoco– ni una palabra sobre el determinismo y la tragedia griega que defiende justo esa última frase, que uno no puede ir en contra del destino. Para mis circunstancias a los dieciocho años, resonaba más este asunto de saber que alguien de mi edad sabía que moriría y que, sobre todo, no sería por su mano. La idea suicidio me dio rondas muchas veces por equis o ye motivos, tres personas alrededor mío lo hicieron y nunca había escuchado a nadie aseverar que no haría nada para eludir la inevitabilidad de la muerte. 


I Will Follow y Twilight hablan de lo mismo, de la búsqueda de la hombría (Véase en la primera: "A boy tries hard to be a man/ His mother takes him by his hand"|| En la segunda: "Can't find my way/ In the shadow boy meets man"), cosa con la que no puedo empatizar pero que, asumo, debe ser complicada. La verdadera huella de Boy en mi vida vino con A Day Without Me. Siendo una perfecta egocéntrica desde el principio de los tiempos, era muy fuerte escuchar en ritmo "alegre", a alguien diciéndome:


Starting a landslide in my ego
Looked from the outside
To the world I left behind

 No fue tanto por el egocentrismo –aunque ese primer verso habría de definir con exactitud los siguientes cinco años de mi vida– sino por mi completa incapacidad de resolver conflictos, que esta frase se me grabó. Yo simplemente agarro mis cosas y me voy. No respuestas, nada. Simplemente, en efecto, dejo las cosas atrás. Este concepto de "dejar atrás" anda rodando en U2 desde acá y hasta veintiún años después, pero eso se verá luego. El siguiente verso reza: 


In the world I left behind 
Wipe their eyes and then let go


Dejar ir me costaba sobremanera, más a los dieciocho que ahora, pero para mí esas dos líneas lo encerraban todo. Aún ahora, de hecho. Ya está todo atrás. Secá lágrimas y soltá. La canción trata sobre un amigo de Bono que se suicidó y lo mío nunca fue tan traumático, aunque me encantaba pensar que sí. Ergo, todo lo que significase la vida ajena después de mi muerte me resultaba... morbosamente intrigante. Ahora que he muerto simbólicamente muchas veces y para mucha gente, no me importa tanto. Confirmé que, en efecto, uno no puede hacer más que enjugar lágrimas y dejar ir. Y eso lo supe, de alguna manera u otra, desde los dieciocho.






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*El título del post es, de hecho, el inicio de The Electric Co., pero como está mejor ejecutada en un disco posterior, la dejamos para después.

** Solo Bono y Larry Mullen Jr. (batería) son nacidos en Irlanda. The Edge y Adam Clayton (bajo) nacieron en Inglaterra.

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