domingo, enero 01, 2012

En el 2011:

Fui a presentaciones de tesis doctorales. Fui a un conversatorio de FUSADES. Tomé un curso en FUSADES. Renuncié a un trabajo. Y a otro. Borré un blog y deshice mi pasado con el botón "delete". Luego vine a dar acá. Aprendí náhuat (rupestremente). Regresé a la universidad. Me fue mejor que nunca, como siempre debió haberme ido. Fui a conversatorios. Sonia Sotomayor me enseñó que uno debe hacer lo que ama, incluso dentro del derecho. Marta Harnecker me enseñó la izquierda que no soy ni quiero ser. Beatrice de Carrillo me hizo entender el iusnaturalismo. Patricia Olimendi me confirmó que no ando tan perdida. La Sala de lo Constitucional me confirmó el camino. Hice uso del derecho a la manifestación.  Me invitaron a un programa de radio. Hablé. Bonito. Me metí a una colectiva feminista. Ahí sigo. Vi cine clásico. Me gustó. Escuché música nueva. Me gustó. Cargué a un bebé en la celebración de un cumpleaños que habría de traer a dos estupendas mujeres a mi vida. Tomé el vuelo más idiota en la historia de la aeronáutica comercial. El sitio al que llegué me trajo una avalancha de gente hermosa y comprometida. Que baila. Que escribe. Que piensa y no huye. Que bebe cual cosaco y mientras lo hace, te cuenta la historia de su casa y vos le contás las tuyas propias y te das cuenta que el pasado puede no serles común, pero el dolor es el mismo. Leí. Escribí. Me leyeron. Me escribieron. Abracé, me abrazaron. Conocí a quien yo quiero ser en unos años. Conocí a un profesor que me devolvió mi vida. (La filosofía no salva, uno se salva a través de la filosofía) Después de casi seis años, volví a ser yo (aunque esto es imposible, no hay manera alguna de volver). Aprendí profundamente, tanto que derrumbé mi vida y estoy construyendo desde cero. Abandoné. Quise profundamente. Me quisieron profundamente. Tomé fotos, compré vestidos, pagué un tatuaje para que la vida de la contemplación sostenga mi columna vertebral hasta que muera. Me regalaron libros. Me abrazaron. Regalé libros. Me abrieron puertas. Me regalaron gatos. Conocí la sensación de ser bienvenido en casa ajena y poder llegar sin anunciar. Conocí, en breve, la bondad del mundo. Tengo amigos increíbles. Por fin me siento en casa.

No hay comentarios: