viernes, diciembre 02, 2011

Muerta la democracia ¡Viva la democracia!

Hoy es un día muy delicado para El Salvador. Conmemoramos (todos, no se haga el maje) como país algo bien particular. Mire la fotito:


El pokémon con la banda presidencial era Arturo Araujo y estaba siendo proclamado presidente constitucional en marzo de 1931. Un día como hoy, hace ochenta años, el militar de uniforme en la foto, el General Maximiliano Hernández Martínez, apoyado por la oligarquía cafetalera, le da Golpe de Estado. Con él iniciaron cincuenta y un años de presidentes militares y eso, hijos lindos, se llama dictadura. Terminó con otro presidente constituyente, Álvaro Magaña, en 1982, mas eso de "terminó" es nada más un decir. Hubo militares en más de algún ministerio civil (es decir, que no fuese Defensa Nacional) hasta el gobierno de Cristiani (1989-1994), pero su salida de los mandos medios y los organismos de inteligencia y coerción no se concretó sino hasta los Acuerdos de Paz. Es decir que, desde la independencia, El Salvador solo ha tenido diecinueve años sin militares como presidentes o ministros en esferas estrictamente civiles. Esos diecinueve años terminaron cuando Funes nombró a Munguía Payés como Ministro de Seguridad Pública y Justicia. Aplausos, somos el puro retroceso.


Mis argumentos respecto al nombramiento de Munguía Payés están en otro post y no tengo ni tiempo ni ganas de detenerme a hablar de cómo en fechas posteriores a su designación en el cargo se ha destinado a aplicar la Norman Quijano: andar de demagogo dando manos enfundado en una chumpa de cuero que lo hace ver como viejito cascarita. Tampoco voy a hablar de su irreal "promesa" de reducir en un 30% la cantidad de homicidios en un año. Voy a centrarme en una cosa extraña que pasó el lunes: anda de manita agarrada con quien no debería. Y eso es para asustarse.


Lunes 28 de noviembre en la mañana, el Ministro de Defensa y Seguridad Civil de Honduras tuvo a bien venir a decirle "ooooooooy, primo" a Munguía Payés. No salieron de Comalapa, se quedaron ahí en el aeropuerto, reunidos solemnemente. Al finalizar, con la prudencia del catracho de no tomar parte de la conferencia de prensa, Munguía Payés dijo que "estamos uniendo esfuerzos y tomando medidas que nos ayuden a unificar nuestras leyes en pos de un mejor combate del crímen y prevención del delito, así como del crímen organizado". Los periodistas grabaron y cualquier persona cuerda diría "huevos, Tula" ¿Por qué, pregunta usted? Por esto:


El martes, es decir, al día siguiente del mini-tour de su Ministro de Defensa y Seguridad Pública (qué atrocidad unir las dos cosas), en Honduras se aprueba el otorgamiento de facultades policiales al Ejército. Podrán éstos catear, requisar, allanar, pero no me crea, vaya a leer al enlace de arribita. Es un asunto demasiado, demasiado peligroso para un país que hace dos años tuvo un Golpe de Estado y donde la persecusión sigue siendo tema de todos los días. Dirá usted, viva El Salvador, tan en paz y soberano, ¿Veá? MIS OVARIOS.

Ayer Funes se echó la maldita y dijo no solo que la situación de violencia es un asunto de Defensa Nacional (no lo es, señor, lea su Constitución, por piedad), sino que se atrevió a redimensionarla:

"Funes explicó a la población que en la actualidad se hace necesario ver que “nuestro enemigo” ya no puede definirse más por “razones ideológicas o políticas, y menos religiosas”. “No se define por conflictos con otros países”, detalló. 
Funes señaló, ante el alto mando del Estado Mayor Conjunto de la FAES, que el nuevo “enemigo” de la nación salvadoreña son las “bandas criminales fuertemente armadas, organizaciones económicamente poderosas que operan en nuestro territorio y en toda la región centroamericana."

La nota entera es una contenedor de horror en nuestro contexto y muchísimo peor entendiéndolo en el  de "región centroamericana". Ese mismo martes fue nominada una nueva embajadora gringa para Nicaragua, una "experta en narcotráfico". Para cualquiera que haya visto películas de guerra fría y vea que en tres países de la misma región se habla de la misma cosa y los gringos están involucrados, eso grita una sola cosa: eufemismo. De por sí ya es grave hablar de soberanía y enemigo cuando se saca del contexto de protección del territorio ante la amenaza foránea, pero se pone ya pendejo cuando se usa en El Salvador. Funes, parece, no gobierna el mismo país que criticó cuando ejercía el periodismo de opinión.

Llama la atención que redefina "enemigo" y se apronte a aclarar que la nueva concepción no obedece a "“razones ideológicas o políticas". ¿Que no se supone que con su llegada a la presidencia era el histórico enemigo el que gobernaba? El enemigo, en tono jipi, sigue siendo el compatriota ¿Se ha detenido a observar qué tan paralelo es el manejo mediático del guerrillero y el marero? ¿No? Se lo dejo de tarea. El asunto es que la camiseta del enemigo, del indeseable, solo cambia de portador, pero no la manera en que se le trata, que sigue teniendo la añoranza del aniquilamiento propia de quiénes: de los militares. Es serio, demasiado serio. Si no me cree, lea esto, de la misma nota de LPG:

...y, además, ablanda el terreno con miras a una posible reforma para el otorgamiento de nuevas funciones al Ejército para combatir el crimen organizado, el narcotráfico, las pandillas y la corrupción estatal. “Para vencer en esta batalla debemos abrir un proceso destinado a diseñar unidades flexibles e ingeniosas para librar estas guerras modernas”, dijo.


¿Sí o no es la misma vaina? Ahora veamos lo más serio de las declaraciones de Funes: ¿Nota usted esa palabra tan familiar pero tan dicha a murmullos en el transcurso de nuestra historia? Ahí está nuestro democrático presidente, hablando el muy imbécil de guerra. El Salvador está en guerra, dice. Lo afirma la misma semana que se hace pública la intención de unir métodos de "prevención del delito" con Honduras, un país claramente represor, la misma semana que se conmemora el inicio de nuestro brutal medio siglo de militarismo; la misma semana que Schafik Handal hijo lleva a un militar como candidato al Concejo Municipal de San Salvador. La democracia nos duró diecinueve años y nunca salió de fase de transición. Que viva El Salvador.

1 comentario:

Jair Trejo dijo...

"...ablanda el terreno con miras a [...] el otorgamiento de nuevas funciones al Ejército para combatir [...] la corrupción estatal."

Qué miedo.