domingo, enero 08, 2012

Post-à-la-2007

1. En navidad, mi tía me regaló dos gatos negros, tenían apenas un par de semanas de nacidos. Mi vecina, una señora de esas que fueron esposas maltratadas y madres de hijas putas hasta que renacieron en Cristo y ahora son esposas maltratadas y con hijas putas, pero con un lugar en el cielo, dejó ayer su puerta abierta, permitiendo que una mumuja negra que cabía en mi mano entrase a su casa. En un acto muy maduro y consecuente, ella decidió envenenar a los gatitos. Ahora desperté y los vi muertos en mi puerta. Los enterré a la tarde. Luego, lloré.

Hay muchas cosas que no entiendo del mundo. No entiendo, por ejemplo, cómo Benedicto XVI puede decir que La Inquisición nos trajo el progreso. Tampoco comprendo cómo es posible que esté de acuerdo con la aproximación a la naturaleza humana que hace Hume y que esto no me haga cortocircuito mental. No comprendo cómo alguien puede tener la sangre fría de asesinar a gatitos que no tienen ni dos meses de nacidos. No entiendo qué te otorga ese derecho. No comprendo, en verdad.

Posterior al entierro (sigo con mentalidad judeocristiana: restos son restos, pero me dio no-sé-qué aventar a los gatos a la basura, entonces los enterré) decidí anestesiarme jugando. No quise pasar horas en silencio pensando en cómo esto es una nueva manifestación de mi incapacidad de entablar relaciones duraderas o hacer que algo, lo que sea, me dure. El mejor método que encontré para hacerlo fue infiltrarme en el fuerte de Sylvanas en Guilneas -está guapo- y pelear contra los worgen; parece haber funcionado. Creo que en algo he progresado en este tiempo y ya no vuelvo todo un drama relacionado a las cosas de mi vida que no funcionan.

2. Tuve la intención de iniciar este apartado diciendo "Me invade la incertidumbre", pero esto no es cierto. Mi vida le pertenece más a la incertidumbre de lo que alguna vez me ha pertenecido a mí. Es más preciso decir que siento un profundo hastío, quizá algo de desesperanza y agobio. Hubo un tiempo en el que las ideas revoloteaban como papalotas en mi cerebro y jodían tanto que no cesaban hasta forzarme a escribirlas. No estoy diciendo que fuesen cosas que valiese la pena leer, estoy hablando de plenos ejercicios catárticos. Ahora tengo una idea y se desvanece. Siento que quiero escribir, pero no sé de qué. Estamos en precampaña, por dios santo, y no me dan ganas de escribir. Es que simplemente no sirve de nada. Al menos eso creo.

Alberto era uno de los jefes de mi primer trabajo y algún día me confesó que no veía los noticiarios ni leía los periódicos. Me escandalicé de la manera inocua que solo se puede escandalizar uno cuando tiene dieciocho años; me era imposible entender cómo alguien podía hacer la decisión conciente de ignorar qué pasa alrededor. Ahora salgo de trabajar, llego a casa y escucho las noticias como quien escucha la lluvia o los pajaritos. Antes solía creer que importaba y a la mejor lo sigo creyendo de alguna manera, pero si ahora alguien se me cruza y me dice "es que yo no veo las noticias", a la mejor no le lanzo una mirada furibunda y hasta le digo "yo tampoco".

Lo que quiero decir es que no le veo motivo a nada. Debo dos artículos y no siento el menor deseo de escribirlos. No se me ocurre un motivo que pudiese hacerlos interesantes ante el lector. Quizá el de Alemania sí, porque es sobre minería y esas cosas me importan, porque pienso en la Anita-bióloga (a no confundirse con Anita-demógrafa) y en los ecologistas de Costa Rica, pero no tengo en mí la voluntad de sentarme y explicar que en Guatemala está por aprobarse un proyecto minero que va a contaminar -más- el agua de 65% de El Salvador. Es relevante, es urgente, pero no veo en mí el empuje para hacerlo. Debería ser alguien más. El problema no son las causas, el problema parezco ser yo.

No sé escribir. Sé hilar palabras, que es distinto.
No le veo el objetivo a escribir.

Voy a tardarme el doble de lo que ya me tardé en la u, por motivos de mi clasemediezbaja con ínfulas de capacidad intelectual. Esto me frustra mucho, aunque probablemente me frustre más el hecho de detener en seco las jornadas enteras en la biblioteca, leyendo porque sí, porque no tengo problemas estando sola y los libros suelen ser mejor compañía que la gente. Me frustra mucho. Quizá esté muy enojada porque mi vida sigue dependiendo de cosas ajenas a mi voluntad y no lo quiero admitir.

3.   Me tatúo el sábado. Es una lástima que la Anita-demógrafa se vaya el miércoles, creo que ella y la Ligia serían las únicas personas a quienes tendría el coraje de decirles que me aterra el sonido de la aguja y que por favor me acompañen, pero ni modo. Creo que hay algo bien emotivo con los tatuajes, incluso cuando uno tome la decisión conciente de no atarlos a vivencias dolorosas. A la mejor me signifique el por fin trazar la linea entre lo estoico y lo pendejo, que por fin tengo la comodidad de pedirle ayuda a alguien y que por distancias físicas no puedan estar o que poco a poco voy convirtiéndome en quien quiero ser, pero al menos no es la liberación tajante de las cadenas de antes o el divorcio de mi maridito golpeador o mi tatuaje de puta en el tobillo, aunque cada quién. A la mejor solo voy a cerrar los ojos y pensar que estoy en el dentista, que eso no me da miedo.

4. Hace unos días discutía con Caro-psicóloga (a no confundirse con Caro-mimejoramigalamásantigua) sobre cómo los blogs son una magnífica fuente de revisar tu pasado. Yo sigo sin poder importar el xml de mi antigua bitácora de vida, que era una rampante idiotez, pero era mía y tuvo sus momentos divertidos. La cosa es que me he dado cuenta que este post ha quedado bien como de antes. Qué miedo ¿Tendré diecinueve años de repente? ¿Iré a tropezar de nuevo y con la misma gente? Vade retro, Satanás.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Transitoriedad , compañera...

Ana Escoto dijo...

Mirá sí sabés escribir. Y yo creo que es una cosa de astros -bien profunda yo- porque ese dejo de "no tengo nada qué decir" lo atravieso yo desde hace mucho. Y bueno... yo digo que se me va a quitar. Y twitter maje, hace cinco años no decíamos todo lo que pensabámos instántaneamente. Creo que algo tiene que ver. Te quiero. Odio a tu vecina. Odio irme el miércoles.

Anita-Demógrafa.

Angel Castaneda dijo...

Mira, talvez te pueda ayudar a exportar tu blog anterior (si todavia esta en linea).

La mentada Ligia guardaba sus entries en Word, una por una, y yo le dije "Diocuarde, estamos en pleno siglo dieci... veinte. Esperate!", y chás chás, lo exportamos.

Si queres, mandame un tuit. @angelcastaneda.

Caro Flores dijo...

Ash con esa vecina. Yo tampoco entiendo aunque no dudo de la maldad del ser humano. Una cosa es leerla y otra padecerla. Vieja bruja.

Sobre el no escribir yo sí creo que twitter killed the blog star. Aprecio el ser concretos pero en 140 caracteres todos podemos parecer interesantes. Los blogs eran la hora de la verdad. Por eso quienes no podían escribir algo profundo inventaron los 140 caracteres. El caso es que vos sí tenés con qué escribir. Incluso si tenés que escribir sobre la sequía.