lunes, febrero 06, 2012

Cosas que no entiendo

Una tiene un plan. Digo, si una puede ver más allá de su propia nariz, una tiene un plan. Dentro del plan hay miniplanes a corto y mediano plazo. Su complejidad depende de cada quien, se me figura. Mi plan es grande, muy muy grande y estoy consciente de ello. Por ende, sé que eventualmente tendré que conformarme con algo más pequeño. El problema es que no entiendo por qué me resulta tan difícil de alcanzar. Todo lo que pido es algo mínimo, unilateral, lícito y legal. No debería yo trastabillar tanto para tenerlo, pero a la vida le resulta imposible dejarme estudiar en paz. Es todo lo que quiero y sin embargo, parece prácticamente imposible de hacer sin con ello comprometer a mis hermanos o a mi mamá. A la mejor si mi interés primario fuese aniquilar a la comunidad palestina las cosas me resultarían más fáciles, pero no: todo lo que la Virginia quiere es dedicarse por completo a la puerca universidad sin sentirse culpable y no puede. Trabaja para pagarse la universidad y no puede, porque hay cosas más urgentes, como garantizar la supervivencia de tu núcleo familiar, los quinimil materiales del bachillerato de tu hermana, etc. El freelance cubre la universidad, pero no la existencia y así no se puede. Encima, por trabajar uno no logra completar el freelance y henos acá, sin universidad. De nuevo.

Quisiera, de verdad quisiera, ser una auténtica hijeputa y decir "basta. Yo tengo potencial para hacer más de mi vida que ganar para pagar la cuenta del teléfono, así que vean cómo se costean sus cosas y déjenme aprender en paz", pero no puedo. No puedo porque sé que en parte esto me lo adjudiqué yo solita, que pendejeé y pendejeé y a la mejor esta es la manera que la vida tiene de cobrarme el tiempo que perdí. Claro, esto se me olvida cuando pienso que de no haber optado por lo que opté, habría quedado con la u a la mitad, porque mi papá no es una persona confiable y llevo casi siete años de no hablar con él. La vida acaba a uno llevándolo por los mismos rumbos, al fin y al cabo. Es la misma vaina de siempre. No estoy poniéndome en plan de víctima, solo me pregunto por qué le resulta tan cabrón a la vida dejarme estudiar en paz.

No es que me pese pagar por esas cosas. Mi hermana hace cosas bien vergonas. Mi mamá honestamente ya no puede con más. La parte que me toca es la de cualquier adulto responsable, así que esto no es nada del otro mundo. Sucede que soy una pendeja con aspiraciones mal puestas, aspiraciones que no debería tener y que se frustra -y mucho- cuando la única cosa que quiere en la vida parece estar tan lejos. No creo que sea tan astral pedir estudiar, pero ya no es mi tiempo. Toca, nada más, redefinir para dónde va esto. Sobre todo, cómo voy a convencerme de que es la mejor opción. Mientras tanto, no sé qué voy a hacer.

1 comentario:

Alberto dijo...

Pues solo queda una cosa por hacer corazón, "echarle güevos". Las cosas de la vida son así, ya sea por propia voluntad o porque las circunstancias "confabulen" en tu contra (o por ambas), pero eso de dejarse vencer... vamos que no va con tu estilo (o no debería).

Cuidate y "échele güevos"