sábado, marzo 17, 2012

Animales endiosados corriendo en círculos sobre un pedazo de tierra que gira alrededor de una pelota que brilla

... y sin embargo, es el único animal que sabe que es finito. Y por ser capaz de cuestionárselo todo, es que el hombre es un ser metafísico. 


* Nomás no aprendo, caray. Me dio por estudiar filosofía. Asumo que mi línea de pensamiento fue "mi vida está demasiado tranquila y es menester problematizarla". Problematizar la vida, desarmarla como si de torre de Jenga se tratase; quitar bloque por bloque para ver qué va mal y encima hacer eso mientras hacés lo mismo pero con cuestiones en serio importantes como tu visión de la Edad Media o el pensamiento de San Anselmo. Si seré pendeja. O egocéntrica. Bueno, las dos.

* Hay un error constante que consiste en confundir la introspección con la depresión. No comprendo cómo sentir la necesidad de sentarme en silencio durante horas pueda ser percibido como un indicador de depresión. La gente me harta, eso no es misantropía. Solo necesito que se callen un momento, solo necesito estar sola con mi propio ruido.

* Lo anterior viene al caso porque como soy de lento discernir y encima sumamente influenciable, estas fechas suelen ser de retiro e autoevaluación (ay sí, como si alguna vez pensase en algo que no soy yo misma). No le veo la relevancia a la cantidad de años que he estado viva, al menos no una en particular. Ya no. No tengo este yerro de creer que ya es tiempo de haber hecho algo de provecho: conocer Apopa, haberme comido una anona sin vomitar o lograr que los cigarros con mentol no me sepan a Vick Vaporub. Sin embargo, aún preservo esta cuestión de "reevaluar" el rumbo de las cosas como si de una gestión presidencial se tratase. No he hecho nada con mi vida y es un alivio.

* Es inevitable pensar en la muerte. Yo la encuentro muy bonita. Digo, me parece que esta cosa que llamamos vida no es más que una pausada muerte silente. Todo lo que nos duele es muerte: la finalización de los afectos, el fracaso de los planes o la muerte en sí de otra persona me resultan todo una manifestación de algo mucho más global, de una muerte colectiva que marcha a pausas. Creo que lo sabemos y por eso hacemos tanto ruido y nos ensalzamos tanto el ego, para distraernos del hecho que estamos muriendo y no podemos hacer nada para detenerlo. Estamos muriendo y el reto es encontrar la belleza en las cosas que tienen chispas de vida, seguirla viendo en el momento que la pierden y entender que el dolor es un choque eléctrico para no olvidar lo obvio: no somos ni mierda.

* Eso me lleva a pensar en la muerte de mi papá, que vendrá cualquier día y me romperá el cuello como un ladrillazo. Me aterra la frialdad con que pienso al respecto y sobre toda la gente que he venido matando a últimas fechas; cómo parece uno irse desconectando. Es un alivio, sí, pero no sé qué tan bueno sea. Cómo diantres sé que mi proceder es el correcto, cómo saber que mis ojos no me mienten, diría Descartes (esperen más referencias así culturosas pronto, usté sabe que soy de esa gente que se para en un banquito y se marea cabronamente). Cómo sé que no tengo un demonio distorsionando lo que veo-creo-pienso-siento. Cómo putas. En todo eso pienso en clases mientras me como una tostada de plátano: la señora que las vende por la Peatonal ha descubierto que si les agrega curtido (como de pupusa) saben más rico y yo agradezco su afán emprededor-empírico de corazón, porque sí saben bien rico. En todo esto pienso. Quizá por eso ya tengo la primera migraña del ciclo, ¡wiiiii!

* Si hay algo que ODIO en esta vida es sentir que están siendo condescendientes conmigo. El punto culmen de este proceder es cuando la gente aplica la ya tradicional "Hm, esto parece política, preguntémosle a la Virginia y de paso le sacamos plática". No tiene idea usted de cómo me repugna que me hagan eso, para ese chiste mejor no me hablen. Eso y la frase idiota esa de "date a querer". ¿Como por qué debería yo de darme a querer? Es como que me dieran palmaditas en la espalda. Qué enervante, si quieren mejor pónganme correa y tírenme un hueso para que se los regrese.

* Un día de estos iba para la u en la mañana y vi:
          - Un camión híper-vergueado por la vida que tenía inscrito "Alvarenga Furnitures" en crayola.
          - Una gringa en una 44 diciendo "avisa".
          - El novio de la gringa, gringo también, tocando tamborcitos mientras llegábamos a Saquiro.
       
* Fui al cine y vi J. Edgar. Linda, aunque cierto-chapín (¡Hola, 'os!) dirá que defrauda, yo soy una facilota y encima no sé nada de cine y sí me gustó. El punto es que viéndola comprendí qué es lo que no funciona con mi vida y es que esencialmente soy una inepta emocional: considero privadas e íntimas cosas que parecen ser colectivas por definición, como tomar café o ir al cine. No sé mantener vínculos ni repararlos. Encima, la idea de la intimidad prolongada me aterra. No sé cómo podés vivir con alguien, qué puto miedo tanta cercanía. Escolástica vení in the name of la gente con grado de inteligencia emocional similar al del tigre de "Ni-hao Kai Lan" (si han tenido la dicha de nunca ver esa mierda, basta con decir que es un programa de Nick Jr. en que hay un tigre que se emputa tanto que la bendita Kai Lan le ha escrito una canción "para cuando se enoja").

* Soy un individuo repugnante y me funciona. Debería vender mi método en TV Offer.

* En el 67 hoy había un especial de música noventera nacional. Qué tristeza. Los videos del Grupo Coco, de Algodón, de Bongo me causan una profunda tristeza. Creo que fue la última vez que el salvadoreño se permitió ser tal. Qué ganas de que exista un antropólogo o un sociólogo o un filósofo que investigue al respecto, porque fue una era brillante. Se nos juntó el final de la guerra con un sudo-progreso y la expresión vernácula explotó. De por sí ya es bastante curioso que la expresión popular no-militante ochentera haya decantado por la cumbia (la evasión y eso, pero juela, men); la explosión noventera de Algodón et al fue exquisita porque sucedió justo en los segundos anteriores a que el salvadoreño tuviese acceso a poder ya tener lo que antes solo veía en las novelas mexicanas, se vio a sí mismo y se asqueó ante su ruralidad. Desde entonces somos un amorfo globalizado sin pizca de identidad. Qué nostalgia.

* Una de las cosas bonitas de las clases del diplomado es que los chistes cambian de nivel (la gente de Derecho no hace chistes. Son todos soldaditos carga-recopilaciones de leyes) y se dicen cosas tipo "ay, ya dejen de darle vara a Kant, si él no se metía con nadie" y que estalle la carcajada porque LITERAL el tipo ni se metía ni le metían y pobrecito Kant, tan constipado mentalmente.


Ya me voy a leer ya. Mañana tengo que ir al cine con gente que me quiere así muerta por dentro como estoy y no puedo hacerlo sin llevar estudiadas mis fotocopias.

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